Alojamiento precioso, con un jardín en el que permiten
que juguemos con Elac y Jokull. Como en el alojamiento celebraban una
comunión fuimos a comer a otro restaurante, comimos muy bien. Lo peor
fue que al ser domingo todo estaba cerrado y de no ser por la camarera
de un bar que nos vendió fruta y bollitos, nos hubiéramos quedado sin
cenar.
Solo vimos dos peregrinas extranjeras y un grupo de señores pero ya en La Caridad.